Diseño de portada. Erika Jazmín Martínez Castro

Amanezco,

y todo el peso del mundo

me impide levantarme de la cama.

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Lo que anteriormente te comparto lo escribí en la Ciudad de Puebla, México en Octubre del 2005.

Yo me sentía triste, estaba emigrando y enfrentando todo el reto emocional que esto implica.

Más de 10 años después, y tras haber invertido en entrenamientos de coaching para sanar emociones y aprender inteligencia emocional, he añadido una segunda parte al anterior escrito.

¡Hoy te lo comparto!

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El mundo, su peso y mi cama.

Me despierto,

y todo el peso del mundo

me impide levantarme de la cama.

 

¿Es verdad?, me pregunta una voz.

¿Cómo reaccionas

cuando te crees que el aire te falta,

que no le importas al mundo

y sientes que se sienta sobre ti

como un inmenso animal sobre pasto viejo?

 

¿Qué te dices

cuando te imaginas envuelto en fría oscuridad

viviendo un día gris

lejos de todos

y lejos de ti mismo?

 

¿Qué ganas

con pensar que tus brazos son bloques de cemento inútiles?

 

¿Qué no quieres ver

cuando el rechazo domina tu cuerpo

y te resistes a moverte

pensando en el mundo frío

de la distancia constante?

 

¿Dónde sientes esa tristeza

ese vacío

esa soledad

esa distancia infinita que te separa del otro?

 

¿Es un nudo en tu garganta?

¿Es un vacío triste de desamor en tu estómago?

¿Son mil ladrillos negros y densos sobre tus hombros?

 

¿Quién serías,

sí, quién serías

si al abrir los ojos al mundo

esta precisa mañana

pensaras que la misma es preciosa

y el mundo está a tus pies esperándote?

 

¿Qué te dirías

sí, a ti mismo

si decides fijarte en el sol

cálido y brillante

que te acaricia el rostro

a través de la ventana?

 

¿Qué sentirías

sí, en tu cuerpo,

si escuchas las voces

de los mil amigos

que tienes y te buscan en todos los sitios,

en los oscuros lugares donde te escondes

para mostrarte el camino

a la luz

al calor

al amor

ese camino que sólo tú puedes recorrer?

 

¿Qué tal si te permites

por sólo un momento

pensar que la cama te sostiene

y el mundo te llama?

 

¿Qué sucedería, tal vez, si sólo imaginas

que el único propósito del mundo

justo ahora

es que te levantes de la cama?

 

¿Y qué cambiaría, tal vez,  si te permites descubrir

que tienes cama

que tienes mundo?

 

¿Qué descubrirías, tal vez, si te permites ver

por sólo un instante

que quizás eres sólo tú,

sí, tú mismo

el que te aislas y te crees esos pensamientos

que te impiden levantarte de la cama?

 

¿Qué tal,

si por sólo un instante

te permites abrir tu amor al mundo

ese mundo que crees te impide levantarte de la cama

y descubres que todo su peso está ahí

para ti

invitándote a lanzarte a la vida

justo ahora

en esta mañana?

 

¿Qué tal si tú mismo te invitas

a dar un primer paso,

un único paso

para sentir la brisa,

experimentar la humedad

y vivir el vértigo de la vida

que se abre ante ti

en cada segundo de tu hermosa existencia?

 

¿Qué hay si te permites descubrir

que sólo basta respirar

para unirte a todas las cosas

y relajarte en ese suave devenir

de la vida amorosa

que te contiene y te permite ser?


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